EL CULTIVO DE LA VID, UNA ALTERNATIVA PRODUCTIVA Y SOSTENIBLE PARA EL ALTO RICAURTE.
Por Ruby Jeanette Granados Medina*
El cultivo de la vid en Villa de Leyva, tiene su precursor en La Viña de La Villa del Dr. Joachim Herzberg Ingeniero Agrónomo Doctorado en economía agrícola de la Universidad de Humbolt en Berlín, quién se estableció hace más de veinticinco años en nuestra bella Villa.
Es una lástima que a la fecha, el Fomento del cultivo de la vid en Villa de Leyva y el Alto Ricaurte no haya tenido un auge significativo, y que no sean sino diez las hectáreas cultivadas de este amigable cultivo.
Razones, se pueden aducir muchas, la principal los altos costos de instalación, una hectárea requiere una inversión cercana a los 40´000.000 en tres años, momento en el cual la plantación empieza a producir, en el caso de variedades para vinificar.
Entre los componentes más altos de esa inversión tenemos que para el primer año son las plántulas, en el segundo, la infraestructura para el tutorado o espaldera y en el tercer año la malla de protección para evitar pérdidas de racimos por el ataque de pájaros. Son tres años de esfuerzos constantes además de los costos de mantenimiento que tiene cualquier cultivo, como fertilización, deshierba, adecuación de drenaje superficial, protección fitosanitaria, riego, se suman rutinas que requieren un manejo especializado como podas periódicas.
Aparentemente es alta la inversión inicial, pero la relación costo beneficio, con el tiempo se vé compensada. Enumeremos algunas de las bondades de un cultivo de vid:
Si bien es cierto que requiere de tres años para alcanzar su madurez fisiológica y obtener la primera cosecha, también es cierto que produce dos cosechas al año y la vida útil de un cultivo bien manejado está entre 25 y 50 años así que vale la pena esperar.
La exigencia de agua y calidad de suelo para el cultivo de la vid es mínima, adaptándose a las difíciles condiciones de los terrenos clasificados como Zona Seca en el Alto Ricaurte. Estos aspectos son muy importantes a la hora de tomar decisiones, ya que si no llueve, por ejemplo, sería conveniente regar dos veces al mes, esto significa que sus requerimientos de agua son muy bajos respecto al habitual uso consuntivo de agua de hortalizas como cebolla cabezona o tomate, por el contrario, para la vid, mucha agua puede llegar a podrir las raíces, por lo que hay que garantizar un adecuado drenaje externo para evitar encharcamientos.
En cuanto a los suelos la mayoría pesados, en esta zona, pueden acondicionarse con suministro periódico de materia orgánica para mejorar su drenaje interno, y sus características físicas especialmente.
La distancia de siembra entre plantas de vid es de 1,2m. lo que permite intercalar especies transitorias como frijol, arveja, haba, garbanzos, pero a una baja densidad de siembra (no más de dos plantas entre una y otra planta de vid). Especies que además de fijar nitrógeno contribuyen a la seguridad alimentaria.
Al ser un cultivo perenne, no hay movimiento agresivo de la capa cultivable, como ocurre cada vez que termina el ciclo productivo de un cultivo transitorio, lo que habla bien de su sostenibilidad ambiental.
Su rendimiento es significativo en el caso de las variedades Chardonay y Cabernet Sauvignon, probadas y difundidas por la Viña de la Villa.
La capacidad instalada de la Vinícola Guananí, puede procesar más uva de la que produce actualmente, esto garantiza la compra de la producción de nuevas áreas cultivadas en el futuro.
El paisaje semidesértico se adornaría con la presencia de nuevas viñas, factor congruente con la vocación turística de los Municipios de la Zona seca del Alto Ricaurte, en contraposición con la contaminación visual de los invernaderos que a la fecha no tienen cercas vivas de aislamiento para mitigar ese impacto.
Estas razones entre otras hacen de la vid, en el mediano plazo, una alternativa productiva integral y sostenible para la Zona Seca del Alto Ricaurte.
En conclusión el mejor pretexto para animarse a cultivar vid es que no es solo un cultivo, sino un proyecto de vida para disfrutar con los hijos y con los nietos. Y en cuanto a la inversión inicial sería bueno contar con créditos accesibles para un programa de esta magnitud, o mejor aún con el patrocinio de entidades internacionales para poder establecer un área significativa de viñedos.
*Ruby Jeanette Granados Medina. Ingeniera agrónoma U.P.T.C. y Especialista en Planificación y Administración del Desarrollo Regional U.A. |